miércoles, 18 de noviembre de 2009

¿Cómo se contamina el agua?



Podemos distinguir entre contaminación natural y contaminación humana.



Hay procesos de contaminación natural del agua, producidos de forma inevitable por las fuerzas de la naturaleza. Por ejemplo, una erupción volcánica, una gran tormenta, la descomposición de materia orgánica en un pantano, un escape natural de petróleo desde su yacimiento, etc., son procesos que pueden contaminar el agua.



Pero la verdadera preocupación viene de la contaminación humana, que es capaz de transformar totalmente los medios acuáticos.

Cuando los seres vivos usan el agua, la devuelven al medio con menos calidad, pero la naturaleza dispone de mecanismos que le restituyen su pureza, para que pueda ser utilizada de nuevo. Los seres humanos vertimos a los medios acuáticos grandísimas cantidades de residuos, que hacen imposibles los procesos de reciclaje y depuración naturales de las aguas. Por eso muchos medios acuáticos están contaminados.

Los usos del agua y su impacto ambiental
Utilizamos el agua para muchas actividades. Cada una de estas contamina el agua de forma química, física o vertiendo productos sólidos de muy diferente naturaleza.

Son contaminantes químicos los abonos, pesticidas, detergentes, aceites, colas, disolventes, derivados del petróleo, etc.


Se consideran contaminantes físicos las emisiones de calor, radiaciones de residuos nucleares, etc.
Los productos sólidos vertidos son: plásticos, alquitrán, fuel, madera, fragmentos de minerales o rocas, polvo, etc.

lunes, 26 de octubre de 2009

La deforestación crea nuevos desiertos.

La presencia del bosque determina un intercambio constante de dióxido de carbono y oxígeno entre los organismos vivos y la atmósfera. Las plantas consumen el dióxido de carbono y liberan oxígeno; cuando mueren, ocurre lo contrario.

La desaparición de bosques, por otra parte, afecta el ciclo del agua, necesario factor de equilibrio del clima y los cambios atmosféricos.

La deforestación modifica los procesos de evaporación y el régimen de lluvias, con cambios climáticos inmediatos que repercuten sobre las posibilidades de supervivencia de gran cantidad de especies, en apariencia no afectadas en forma directa.

La quema anual de 13.500 km2 de bosque tropical, para transformar el terreno en áreas de cultivo o pastoreo, lleva a la desertización. Se llama así al proceso por el cual un territorio que no tenía las características climáticas de los desiertos naturales termina por adquirirlas, a causa de la destrucción de su cubierta vegetal y de la erosión.

Como consecuencia de ello los suelos se empobrecen y las partículas más pequeñas se vuelan por el viento, o bien escurren con las lluvias.El suelo fértil y productivo, que necesita cientos de años para formarse, es también inestable.

Para mantener la cohesión y firmeza de sus partículas, requiere de las plantas y especialmente de sus raíces. Y si las plantas son taladas, la erosión debida al agua y al viento deja pronto al descubierto la roca viva que, sólo tras el paso de muchísimos años, podrá volver a ser aprovechada por los vegetales.

En suma, tanto la agricultura como los caminos, las represas y los asentamientos humanos son necesarios; y en territorios nuevos, no pueden hacerse sin deforestar. Pero la eliminación de especies arbóreas no debe exceder ciertos límites; si no existen planes de reforestación racionales, esa intervención sobre el ecosistema tendrá consecuencias gravísimas para la cadena alimentaría y para la vida misma.

El Hombre produce innumerables daños en la tierra, el agua y el aire.


A través de los siglos se han acumulado pruebas de que la intervención humana puede producir innumerables daños en la tierra, el agua y el aire.
Una de las formas que asume esa intervención, la deforestación, ha afectado seriamente a los bosques del planeta. Hace unos 10.000 años -es decir, antes del comienzo de la agricultura- ese tipo de bioma se extendía sobre unos 4.200 millones de hectáreas, las dos terceras partes de la superficie terrestre. Hoy, en extensas regiones de Asia, Europa y América del Norte los bosques naturales han desaparecido, y la deforestación amenaza al más extenso de los que quedan, la selva amazónica.

La deforestación, que consiste en la destrucción de bosques por tala o quemado, va acompañada por el progreso tecnológico, que a su vez plantea nuevos y más graves problemas.

El fuego y la necesidad de habilitar tierras para la agricultura y el pastoreo arrasan con grandes espacios forestales, pero en el largo plazo los suelos resultan erosionados y empobrecidos por la ausencia de vegetación natural protectora del medio.

En América había grandes extensiones boscosas a la llegada de los españoles. La acción de tecnologías cada vez más destructivas, hizo que en la actualidad sólo una pequeña parte del territorio esté cubierta por bosques. El resto fue talado para obtener leña y maderas de construcción y para la fabricación de muebles, o lisa y llanamente quemado para desmontar tierras que pudieran ser empleadas en la producción agrícola. De ese modo, poblaciones completas de ciertas especies se redujeron considerablemente.

Otros árboles sirvieron como combustible en hornos de fundición de minerales. Los quebrachales del chaco fueron destruidos para aprovechar el tanino, sustancia empleada en el curtido de cueros. A comienzos del siglo XX la zona sur de esta región comenzó a cambiar su fisonomía boscosa, para convertirse en una tierra yerma y despoblada.
En estos tiempos, el peligro más serio es el que amenaza a la Amazonia. Esta región selvática, bañada por el río Amazonas y sus afluentes, cuenta con una cuenca de más de siete millones de km2, en territorios de Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador y las Guayanas.
Desde la irrupción de los colonizadores europeos hasta 1970 había sido deforestado el 0,5% de la selva amazónica; desde ese año hasta 1991 se llegó al 10% (unos 700.000 km2). Las tierras se destinan, en general, a la explotación agropecuaria o la búsqueda de petróleo y la extracción de minerales, y la futura construcción de la gran carretera transamazónica, de 3.000 km. de longitud. Está previsto que para el año 2020 habrán sido levantadas 78 represas, que inundarán 100.000 km2 de territorio.
En este verdadero pulmón del planeta conviven 80.000 especies vegetales; 30.000 animales: el 50% de la biodiversidad (número de especies que habitan en una determinada región) de que dispone la Tierra. Muchas de esas formas de vida corren ahora serios peligros, por la creciente destrucción de sus hábitats.

lunes, 17 de agosto de 2009

Los Incendios son la gran destrucción ambiental.

Los incendios afectan la estabilidad del suelo y la retención de agua. La fauna es la que más sufre. La radiación ge- nera el ‘golpe de calor’.



Como consecuencia de los incendios forestales hay destrucción del recurso flora, de vegetación y cultivos.

Los bosques centenarios son los que más sufren porque demoran 50, 100 o más años en reestablecerse.



Los matorrales tarde unos cuatro años en volver a crecer, mientras los pastos pueden rebrotar en apenas 20 días o un mes.



Los suelos sin capa vegetal quedan desprotegidos ya que las raíces ejercen un efecto retenedor del suelo y del agua. Sin esa retención el área queda vulnerable y se producen avalanchas y deslizamientos.



La que más sufre con las quemas es la fauna, porque los animales que no mueren en los incendios pierden su espacio natural.



Eso genera el llamado ‘estrés ambiental’: los animales se desplazan de su hábitat, merma su disponibilidad de agua y comida y tarda la recuperación del bosque porque muchas especies como los guatines en los cerros de Cali, son los que dispersan las semillas para el repoblamiento vegetal.



En los alrededores de Cristo Rey y Las Tres Cruces se han afectado iguanas, micos, ardillas, comadrejas, tigrillos, armadillos, conejos, guatines y muchas aves que conforman la flora natural de la zona.



Por otra parte, el fuego hace que los hilos de agua se sequen o mermen en cantidad y se contaminen, ya que en sus cauces terminan las brazas, cenizas y material quemado.



En el aire quedan emisiones de carbono producto del proceso de la combustión. Las partículas quedan suspendidas en un amplio radio alrededor del incendio y cuando los humanos las absorben se producen gripas, virosis y enfermedades bronquiales.



El otro efecto es la ola de calor que se genera fruto de la radiación que produce el incendio. Se generan corrientes de vientos calientes que cubren amplias zonas no afectadas por las quemas, reducen la humedad relativa y elevan la temperatura.

Cuando esto se acompaña de ausencia de lluvias como ha ocurrido en los últimos meses y el fenómeno de calentamiento global que vive el planeta por cuenta de la contaminación y la alteración del clima, la gente es propensa a sufrir el ‘golpe de calor’, una alteración hemodinámica que pone en riesgo la vida misma y requiere atención médica de urgencia.



El resto del mundo también arde



En España, los incendios forestales son una plaga en la actual temporada veraniega. En los últimos días cobraron un trágico balance de seis bomberos muertos y unas 18.000 hectáreas de terreno quemadas.



El sudeste de Australia ha sido devastado por el fuego que ha arrasado unos 3.000 kilómetros cuadrados de zonas forestales y ha destruido más de 750 casas. Unos 14.000 hogares quedaron sin energía.



En Canadá, miles de bomberos intentan detener las llamas que han consumido 500 kilómetros cuadrados de bosque en la Columbia Británica; más de cuatro mil personas han sido evacuadas de sus hogares.

En Estados Unidos, tornados los incendios forestales han causado ocho muertos, decenas de heridos y centenares de casas destrozadas.

lunes, 10 de agosto de 2009

Sorprendentes Imagenes de la "Contaminación Atmosférica"

Según un estudio "La contaminación atmosférica causa 3.500 muertes anuales"


El alto nivel de partículas contaminantes en el aire de los 57 municipios que conforman el área metropolitana de Barcelona, que duplica el volumen aconsejado por la OMS, provoca cada año 3.500 muertes, según un estudio del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental.



El estudio, publicado en la Gaceta Sanitaria y encargado por los departamentos de Medi Ambient i Habitatge y de Salut de la Generalitat, ha concluido que la reducción de la contaminación atmosférica en Barcelona al nivel que recomienda la OMS tendría como consecuencia un aumento medio de la esperanza de vida de 14 meses.

En el 2004, año en el que se llevó a cabo la investigación, el nivel medio de partículas de diámetro inferior a 10 micras (PM10) en el área de Barcelona era de 43 µg/m3, --el mínimo en la localidad de Abrera (35 µg/m3) y los máximos localizados en Barcelona y L'Hospitalet de Llobregat (56 µg/m3).



Ahorro económico



La reducción de la concentración de este tipo de contaminante a los niveles aconsejados por la OMS (20 µg/m3) también comportaría beneficios económicos en torno a los 6.400 millones de euros anuales, o una media de 1.600 euros anuales por habitante, según la investigación.



El CREAL ha advertido de que también disminuirían en 1.800 los ingresos hospitalarios por causas cardiorrespiratorias en un año, se producirían 5.100 casos menos de bronquitis crónica en adultos, 31.100 casos menos de bronquitis aguda en niños y 54.000 crisis asmáticas menos en el conjunto de la población.



En el supuesto de que los el volumen de contaminación se ajustara a los niveles legislados por la UE (40 µg/m3), los beneficios se reducirían a una tercera parte, situándose en un ahorro total de 2.300 millones de euros, según la investigación.